HAJO BANZHAF
(1949-2009)
Para resumir un poco la información concerniente a cada arcano, estas serían sus definiciones:
El Loco simboliza el héroe en este viaje, y en el viaje sicológico, el Niño. Por eso, a esta carta le corresponde el número 0, porque el héroe comienza siendo niño, va adquiriendo madurez al encontrarse con cada una de las demás cartas, y al final, el encuentro con su madurez última será darse cuenta de que en realidad se está encontrando con lo que siempre fue: el Niño, el Loco.
El Mago corresponde al nacimiento del “ego individual”, el inicio de la conciencia. El Mago es el Creador. Y a estas dos cartas les siguen cuatro arcanos que están relacionadas, según Banzhaf, con las cuatro funciones principales de la consciencia mencionadas por Jung:
- Intuición – Sacerdotisa - Diosa: sabiduría.
- Sensación – Emperatriz - Madre: fertilidad, maduración.
- Sentimiento – Emperador - Padre: estructura, orden.
- Pensamiento – Sumo Sacerdote - Santo: búsqueda del conocimiento, lo oculto.
Luego les sigue Los Enamorados, que en la versión de Marsella significa La Elección, la primera elección decisiva de la vida. El Carro, por su parte, es la Partida del héroe, el ir hacia lo desconocido, experimentar. La Justicia es la Inteligencia, la madurez de la conciencia desde el punto de vista psíquico, la necesidad de restablecer el equilibrio y comprender las leyes del mundo.
El Ermitaño es El Viejo Sabio y nos llama a la autoevaluación, la reorientación, la introspección. A descubrir nuestros valores interiores. La Rueda, La Llamada - punto medio de la vida, totalidad de aprendizajes y experiencias. En este punto, nuestro viaje vital inicia su descenso.
La primera carta hacia el Inframundo es La Fuerza, que nos pide hacer frente al inconsciente, superar el instinto, y lo más importante, domar a la bestia. Sólo así se estará listo para enfrentar la carta
El Colgado, que es la necesidad de inversión de los valores, la crisis que nos lleva a dar un giro en nuestra vida. Cambiar la dirección de nuestros pasos y la actitud frente al mundo. Debemos "matar" a nuestro antiguo yo.
La Muerte es eso, es reconstruirnos, trascender nuestro ego. El descenso no es decadencia, es transformación, renacimiento. Es un viaje doloroso, pues para deshacernos de nuestro ego debemos primero identificar el lugar donde habita, mirarlo a los ojos y apuñalarlo en el centro del corazón.
Sin embargo, para esta travesía difícil, no estaremos solos. Iremos acompañad@s de La Templanza. nuestro ángel de la guarda, el Anubis que acompaña el alma desencarnada del fallecido mientras lo enjuician los 72 jueces y la diosa Ammit le pesa el corazón. Si se nos presenta ese guía alado no debemos despreciarle ya que él es la voz de nuestra propia conciencia que nos recuerda nuestro propio poder interior, nuestra capacidad de salir adelante.
Y necesitaremos de todo ese poder para enfrentarnos con El Diablo, que no es en realidad una carta negativa. Dolorosa sí, porque es nuestro espejo. Pero también es la liberación total del inconsciente que nos lleva a aceptarnos con nuestros demonios internos y a perdonar(nos). El Diablo es el villano de los cuentos, pero el villano no existe si no hay nada que´atacar en nosotros. La carta refleja lo que más odiamos de nosotros y lo saca a la luz. Sólo si amamos lo que odiamos, al salir a la luz, nuestros demonios serán nuestros mayores aliados.
Cuando logramos ese arduo objetivo, La Torre, que es nuestra mente y los paradigmas con que nos hemos ido construyendo, se vendrá abajo, el Yo superior destruirá los obstáculos para alcanzar una conciencia superior. De ahí en adelante, si ben pueden quedar algunos obstáculos mientras ascendemos hacia el hoyo del conejo de Alicia por donde hemos entrado, La Estrella, que simboliza el elíxir de la eterna juventud, el agua de la vida y la sabiduría, nos acompañará por lo que queda del camino.
La Luna, que es el Alba, corresponde a esos obstáculos que nos quedan, como una prueba de fe mientras emergemos de nuevo a la superficie, pero por duros que sean esos obstáculos y por cansados que estemos de haber librado nuestra mayor lucha, no debemos olvidar que ya estamos caminando de vuelta hacia el sol.
El Sol concilia la dualidad materia-espíritu y nos dona la racionalidad de las cosas palpables, mientras retomamos El Juicio. Aquí somos como Lázaro regresando de los muertos. Adquirimos la consciencia superior gracias a nuestro viaje. Eso nos dice El Mundo: ahora sí simos dignos de habitar nuestro lugar. Es el Paraíso recuperado. Aquí comprendemos que el azar no es más que una herramienta del destino. Que hay que...
La primera carta hacia el Inframundo es La Fuerza, que nos pide hacer frente al inconsciente, superar el instinto, y lo más importante, domar a la bestia. Sólo así se estará listo para enfrentar la carta
El Colgado, que es la necesidad de inversión de los valores, la crisis que nos lleva a dar un giro en nuestra vida. Cambiar la dirección de nuestros pasos y la actitud frente al mundo. Debemos "matar" a nuestro antiguo yo.
La Muerte es eso, es reconstruirnos, trascender nuestro ego. El descenso no es decadencia, es transformación, renacimiento. Es un viaje doloroso, pues para deshacernos de nuestro ego debemos primero identificar el lugar donde habita, mirarlo a los ojos y apuñalarlo en el centro del corazón.
Sin embargo, para esta travesía difícil, no estaremos solos. Iremos acompañad@s de La Templanza. nuestro ángel de la guarda, el Anubis que acompaña el alma desencarnada del fallecido mientras lo enjuician los 72 jueces y la diosa Ammit le pesa el corazón. Si se nos presenta ese guía alado no debemos despreciarle ya que él es la voz de nuestra propia conciencia que nos recuerda nuestro propio poder interior, nuestra capacidad de salir adelante.
Y necesitaremos de todo ese poder para enfrentarnos con El Diablo, que no es en realidad una carta negativa. Dolorosa sí, porque es nuestro espejo. Pero también es la liberación total del inconsciente que nos lleva a aceptarnos con nuestros demonios internos y a perdonar(nos). El Diablo es el villano de los cuentos, pero el villano no existe si no hay nada que´atacar en nosotros. La carta refleja lo que más odiamos de nosotros y lo saca a la luz. Sólo si amamos lo que odiamos, al salir a la luz, nuestros demonios serán nuestros mayores aliados.
Cuando logramos ese arduo objetivo, La Torre, que es nuestra mente y los paradigmas con que nos hemos ido construyendo, se vendrá abajo, el Yo superior destruirá los obstáculos para alcanzar una conciencia superior. De ahí en adelante, si ben pueden quedar algunos obstáculos mientras ascendemos hacia el hoyo del conejo de Alicia por donde hemos entrado, La Estrella, que simboliza el elíxir de la eterna juventud, el agua de la vida y la sabiduría, nos acompañará por lo que queda del camino.
La Luna, que es el Alba, corresponde a esos obstáculos que nos quedan, como una prueba de fe mientras emergemos de nuevo a la superficie, pero por duros que sean esos obstáculos y por cansados que estemos de haber librado nuestra mayor lucha, no debemos olvidar que ya estamos caminando de vuelta hacia el sol.
El Sol concilia la dualidad materia-espíritu y nos dona la racionalidad de las cosas palpables, mientras retomamos El Juicio. Aquí somos como Lázaro regresando de los muertos. Adquirimos la consciencia superior gracias a nuestro viaje. Eso nos dice El Mundo: ahora sí simos dignos de habitar nuestro lugar. Es el Paraíso recuperado. Aquí comprendemos que el azar no es más que una herramienta del destino. Que hay que...


